
Autor: Alexander Peterson, cirujano odontólogo en AP-Denta Publicado: 12 de junio de 2026
La extracción de un diente dañado o de su raíz está indicada cuando ya no es posible restaurar la corona del diente con un empaste, un perno muñón o una corona: el tejido está destruido por debajo del nivel de la encía, la raíz está fragmentada, o se ha formado un foco de inflamación crónica —un granuloma o un quiste— en el hueso alrededor del ápice de la raíz. En AP-Denta, en Torrevieja, la decisión de extraer se toma únicamente después de una radiografía: en ella se observa si queda suficiente raíz como para considerar una restauración, o si su conservación supone un riesgo de que la infección se extienda a los dientes vecinos y al hueso.
La caries avanzada destruye progresivamente no solo el esmalte, sino también la dentina, llegando hasta la pulpa y después hasta la raíz del diente. Si la corona está completamente destruida y lo que queda es lo que se conoce como un «resto radicular» sin suficiente soporte, la restauración clásica con perno muñón y corona deja de ser fiable o directamente no es viable. En estos casos, alrededor del ápice de la raíz suele haberse formado ya un foco crónico —un granuloma o un quiste— que por sí mismo no duele, pero mantiene una inflamación de bajo grado en el hueso maxilar.
Una situación distinta es la de los dientes retenidos y las muelas del juicio, que por una posición incorrecta en el maxilar lesionan los dientes vecinos o la encía, provocando un crecimiento del tejido circundante e inflamación crónica. En ambos casos —tanto en la destrucción profunda de la corona como en una alteración de posición del diente— el diagnóstico comienza siempre con una radiografía o un TAC: solo en la imagen se aprecia el estado real de la raíz, del tejido óseo que la rodea y la distancia hasta las estructuras anatómicas vecinas.
La extracción simple se realiza cuando la corona del diente o su raíz son accesibles y presentan suficiente movilidad para extraerlos con fórceps bajo anestesia local, en una intervención breve. Es adecuada para dientes con destrucción limitada a la corona y para raíces que no están fragmentadas en varias piezas.
La extracción quirúrgica es necesaria cuando la raíz del diente está fragmentada en varias piezas, cuando el diente está retenido (no ha erupcionado completamente) o cuando a su alrededor ya ha crecido tejido infectado. En estos casos el cirujano puede seccionar la raíz en partes, retirar parcialmente hueso para acceder a un fragmento situado en profundidad, o eliminar el tejido blando proliferado alrededor del alvéolo; la intervención requiere más tiempo y la realiza un cirujano odontólogo.
La mayoría de las extracciones, incluidas las quirúrgicas, se realizan con anestesia local, que bloquea por completo la sensibilidad en la zona de la intervención. En casos de ansiedad marcada, reflejo nauseoso pronunciado o en pacientes con trastornos que requieren un abordaje especial, se valora la sedación o la anestesia general; esto se decide en la fase de diagnóstico, no en el sillón justo antes de la intervención.
La extracción se posterga o se realiza con precauciones adicionales en presencia de enfermedades infecciosas agudas —incluido un cuadro catarral con fiebre—, alteraciones de la coagulación, diabetes mellitus descompensada, así como durante el primer y el tercer trimestre del embarazo; en estos casos la decisión se toma de forma individual, en coordinación con el médico que atiende a la paciente. Ante la presencia de tumoraciones en la cavidad oral, la extracción solo es posible después de un diagnóstico adicional sobre el origen de la lesión.

Si un diente destruido con inflamación crónica en el hueso no se extrae ni se trata, la infección puede extenderse a los dientes vecinos y a los tejidos blandos de la encía, y en casos poco frecuentes derivar en un proceso inflamatorio más grave que requiera atención urgente. Tampoco está libre de consecuencias la ausencia del diente sin una restauración o implante posterior: el hueso en esa zona se atrofia con el tiempo por la falta de la carga masticatoria habitual, y los dientes vecinos tienden a desplazarse hacia el espacio vacío, alterando la mordida.
La atrofia del hueso es especialmente relevante si más adelante se planea colocar un implante: cuanto más tiempo permanece el alvéolo sin carga, mayor es la probabilidad de que antes de colocar el implante sea necesario un injerto óseo independiente, lo que aumenta tanto el plazo como el alcance del tratamiento. Por eso, en AP-Denta el plan para el periodo posterior a la extracción —colocar el implante de inmediato, dejar cicatrizar el alvéolo o valorar un puente— se conversa de antemano, antes de la propia extracción, y no después.
| Criterio | Comparación |
|---|---|
| Cuándo se aplica | Simple: el diente o la raíz son accesibles y conservan movilidad. Quirúrgica: la raíz está fragmentada, el diente está retenido o rodeado de tejido proliferado. |
| Técnica | Simple: extracción con fórceps. Quirúrgica: sección de la raíz en fragmentos, acceso parcial a través del hueso. |
| Duración de la visita | Simple: intervención breve, en una sola visita. Quirúrgica: requiere más tiempo en el sillón con el cirujano odontólogo. |
| Quién la realiza | Simple: cirujano odontólogo, según el protocolo estándar. Quirúrgica: cirujano odontólogo, con sedación cuando está indicada. |
| Seguimiento posterior | Simple: periodo estándar de cicatrización del alvéolo. Quirúrgica: puede requerir una revisión de control por el mayor alcance de la intervención sobre el hueso. |

Los anestésicos actuales bloquean por completo la sensibilidad en la zona de la intervención, por lo que la extracción en sí no debería resultar dolorosa. En extracciones quirúrgicas o en pacientes con ansiedad elevada se puede valorar la sedación, que se acuerda de antemano, en la fase de diagnóstico.
Sí, una radiografía o un TAC son obligatorios antes de la extracción: muestran el estado de la raíz, el hueso circundante y la distancia hasta las estructuras anatómicas vecinas, y permiten saber de antemano si la extracción será simple o quirúrgica.
En algunos casos es posible, pero la decisión se toma de forma individual, según el estado del alvéolo y del hueso circundante tras la extracción. Si existe riesgo de atrofia ósea, el plan puede incluir un periodo de cicatrización o un injerto óseo previo.
No siempre: si la parte de raíz que queda es suficiente para ofrecer un soporte fiable, se puede valorar una restauración con perno muñón y corona. La decisión depende del volumen de tejido remanente y del estado del tejido alrededor de la raíz, algo que solo se aprecia en la radiografía.
La extracción se posterga ante enfermedades infecciosas agudas —incluido un cuadro catarral con fiebre—, alteraciones de la coagulación y diabetes mellitus descompensada. Durante el primer y el tercer trimestre del embarazo, la decisión se toma de forma individual, en coordinación con el médico que atiende a la paciente.
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