
Autor: Alexander Peterson, cirujano odontólogo en AP-Denta Publicado: 15 de mayo de 2026
Un diente no erupcionado, o retenido, es aquel que ha quedado total o parcialmente oculto dentro del hueso maxilar y no ha ocupado su lugar en la arcada dental. Lo más frecuente es que esto afecte a la muela del juicio, pero la retención también puede darse en otros dientes cuando no hay suficiente espacio durante la formación de la mordida. En AP-Denta, en Torrevieja, la decisión de extraer se toma únicamente después de un TAC: es esta imagen la que muestra la posición exacta del diente dentro del hueso, la forma de sus raíces y la distancia a las estructuras anatómicas vecinas, algo que una radiografía convencional no permite apreciar.
A diferencia de un diente normal, que ha erupcionado y es visible en la boca, un diente retenido puede permanecer totalmente oculto bajo la encía y el hueso (retención completa), o erupcionar solo parcialmente, dejando sobre sí un estrecho canal por el que penetran con facilidad las bacterias (retención parcial). Si, además, el diente ocupa una posición incorrecta dentro del hueso —crece en ángulo o en posición horizontal—, se habla de malposición dentaria. Ambas situaciones suelen combinarse: un diente puede estar a la vez retenido y mal posicionado.
La indicación más frecuente es la pericoronaritis: una inflamación de los tejidos alrededor de un diente parcialmente erupcionado, en la que la encía se inflama y puede acumularse pus. La extracción también se plantea cuando el diente retenido presiona el diente vecino y lo va dañando o desplazando, cuando alrededor de él se ha formado un quiste, o cuando dificulta un tratamiento de ortodoncia ya planificado. Si el diente retenido no causa molestias ni supone una amenaza para los dientes vecinos, en algunos casos puede simplemente observarse en el tiempo, sin necesidad de operar de inmediato.
Antes de la operación es obligatorio un TAC: una radiografía panorámica convencional no es suficiente para un diente retenido, porque una imagen plana no muestra la posición real de las raíces respecto a las terminaciones nerviosas ni a las estructuras anatómicas vecinas. Con los datos del TAC, el dentista planifica de antemano el alcance de la intervención: si será necesario incidir la encía, si habrá que abrir parcialmente el hueso y si se requerirá seccionar el diente en fragmentos para extraerlo.
La intervención comienza con anestesia local, cuyo efecto suele aparecer en pocos minutos. A continuación, el dentista realiza una incisión en la encía y separa con cuidado los tejidos blandos para acceder al diente dentro del hueso. Si el diente está completamente oculto, el dentista abre una pequeña porción de hueso; con los métodos actuales esto se realiza con un instrumento de ultrasonidos o con láser, considerados menos traumáticos que la fresa quirúrgica tradicional.
Cuando el diente está en ángulo o sus raíces son curvas, para extraerlo sin dañar las estructuras vecinas se secciona en fragmentos y se retira por partes. Una vez extraídos todos los fragmentos, el alvéolo se desinfecta con un antiséptico, los tejidos de la encía se recolocan en su posición y se colocan los puntos de sutura. La cicatrización de la cavidad ósea no es un proceso rápido: la formación de hueso nuevo en el alvéolo lleva de varias semanas a varios meses.
| Criterio | Comparación de métodos |
|---|---|
| Principio de funcionamiento | Fresa: desgaste mecánico del hueso con un instrumento rotatorio. Ultrasonidos: fragmentación del hueso mediante vibraciones de alta frecuencia. Láser: acción sobre el tejido mediante un haz de luz focalizado. |
| Daño a los tejidos circundantes | Fresa: mayor, exige gran precisión por parte del dentista. Ultrasonidos: menor, gracias a su acción selectiva sobre el tejido duro. Láser: mínimo, sin contacto mecánico directo. |
| Cuándo se usa en AP-Denta | Fresa: en accesos estándar al diente. Ultrasonidos: al trabajar cerca de estructuras sensibles. Láser: cuando se busca minimizar el daño a los tejidos blandos. |
La operación se posterga ante enfermedades inflamatorias e infecciosas agudas, alteraciones de la coagulación, toma de anticoagulantes sin haber consultado con el médico responsable, y en casos de diabetes mellitus descompensada. Durante el primer y el tercer trimestre del embarazo, la decisión se toma de forma individual, en coordinación con el médico que controla el embarazo de la paciente.
Una ligera inflamación y molestia al masticar en la zona del alvéolo justo después de la operación son una reacción normal del tejido a la intervención, y no una complicación. En los primeros días se recomienda una dieta blanda, una higiene bucal cuidadosa sin tocar la zona de los puntos, y evitar aplicar calor en la mejilla. Si la inflamación aumenta, aparece fiebre o secreción purulenta varios días después de la operación, conviene acudir al dentista antes de la revisión de control prevista.
La retención es un estado general en el que un diente no ha ocupado su lugar en la arcada; es más frecuente en las muelas del juicio, pero puede afectar a otros dientes si no han tenido suficiente espacio en el maxilar. La muela del juicio es solo el ejemplo más habitual de diente retenido, no el único.
Sí, una radiografía panorámica convencional no es suficiente: solo el TAC muestra la posición tridimensional exacta del diente, la forma de sus raíces y la distancia a las terminaciones nerviosas y otras estructuras anatómicas, información necesaria para planificar la operación con seguridad.
Si el diente no provoca inflamación, no presiona los dientes vecinos y no supone un riesgo para ellos, en algunos casos puede observarse en el tiempo sin necesidad de una operación inmediata. La decisión se toma de forma individual, a partir de los datos del TAC.
Los tres métodos cumplen la misma función —abrir acceso al diente dentro del hueso—, pero difieren en su principio de acción y en el daño que causan a los tejidos circundantes. El ultrasonido y el láser se consideran más respetuosos con el tejido que la fresa tradicional, y el dentista elige el método según el caso clínico concreto.
Los tejidos blandos de la encía cicatrizan en una o dos semanas, mientras que la formación completa de hueso nuevo en el alvéolo puede tardar de varias semanas a varios meses; el tiempo exacto depende del alcance de la intervención y de las características individuales de cicatrización.
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