La mordida distal, que en ortodoncia se clasifica como maloclusión de Clase II, es el desajuste en el que la arcada superior queda adelantada respecto a la inferior: el maxilar superior está demasiado avanzado, la mandíbula es pequeña o retrasada, o ambas cosas a la vez. El tratamiento no tiene un precio fijo —depende de la edad, del origen del problema y de la técnica necesaria—, pero la primera consulta, con diagnóstico incluido, tiene un precio cerrado de 30€.
AP-Denta está en Torrevieja y atiende a pacientes de toda la Costa Blanca y la Vega Baja, muchos de ellos residentes extranjeros que buscan atención en su idioma.
Atendemos a pacientes de:
En una mordida correcta (Clase I), los dientes superiores e inferiores encajan de forma equilibrada. En la mordida distal o Clase II, los dientes de arriba no llegan a contactar bien con los de abajo porque la arcada superior queda adelantada: el perfil suele mostrar el mentón retraído y, a veces, dientes superiores muy inclinados hacia fuera.
El origen puede estar en el hueso —una Clase II ósea o esquelética, con el maxilar superior adelantado o la mandíbula más pequeña o retrasada de lo normal—, en los dientes —una Clase II dentaria, con los incisivos superiores inclinados hacia delante pero los huesos bien proporcionados—, o en ambos a la vez. Esta distinción es la que marca qué tratamiento tiene sentido, y solo puede determinarse con un examen clínico y una radiografía.
Dentro de la Clase II se distinguen también dos patrones de inclinación dental: en la división 1, los incisivos superiores están muy inclinados hacia fuera, a veces junto con sobremordida; en la división 2, los incisivos centrales superiores se inclinan hacia dentro y los laterales o los caninos quedan más hacia fuera.
Dejar la mordida distal sin corregir no es solo una cuestión estética: con el tiempo puede provocar desgaste irregular de los dientes, dolor o tensión en la articulación de la mandíbula, dificultades para masticar y, en algunos casos, problemas de pronunciación. Por eso recomendamos valorarla en cuanto se detecte, sea cual sea la edad del paciente.
Revisamos cómo encajan sus dientes, le preguntamos por hábitos relevantes —como chuparse el dedo o respirar por la boca— y valoramos si el problema parece de origen dental, óseo o mixto.
Radiografía panorámica y, cuando hace falta medir la relación exacta entre maxilar y mandíbula, una telerradiografía lateral de cráneo con su cefalometría, además de un estudio de la oclusión sobre modelos o escáner intraoral.
Antes de colocar cualquier aparato se trata la caries activa y se realiza una limpieza dental profesional, porque una boca inflamada complica tanto la colocación como el seguimiento del tratamiento.
Según el diagnóstico: un aparato funcional u ortopédico en niños, o brackets y alineadores fijados o entregados en consulta para adolescentes y adultos.
Visitas cada 4–8 semanas para ajustar el aparato y comprobar que el maxilar, la mandíbula o los dientes avanzan según lo previsto.
Al retirar el aparato activo, se usan retenedores para fijar el resultado. El tiempo de retención suele ser similar al del tratamiento activo, y en casos complejos puede alargarse más.
Para la mordida distal, a diferencia de una ortodoncia general, se recurre a aparatos pensados específicamente para corregir la relación entre maxilar y mandíbula, no solo para alinear dientes:
Un tratamiento interceptivo en niños con aparato funcional suele durar alrededor de un año, aunque cada caso se valora individualmente. La ortodoncia con brackets o alineadores en adolescentes y adultos se extiende típicamente entre uno y dos años, según la complejidad del caso y el sistema elegido. Cuando hace falta cirugía ortognática, el proceso completo —ortodoncia previa, cirugía y ortodoncia posterior— puede extenderse más allá de los dos años.
La colocación de brackets, alineadores o aparatos funcionales no requiere anestesia y no duele. Es normal notar presión o una ligera molestia durante dos o tres días después de cada ajuste, mientras los dientes o el maxilar se adaptan a la nueva posición; un analgésico habitual es suficiente si hace falta. La única fase que sí requiere anestesia —general, en este caso— es la cirugía ortognática, reservada para los casos óseos más severos en adultos.
No manejamos descuentos ni ofertas temporales sobre el tratamiento de ortodoncia en sí —su precio depende demasiado de cada caso como para anunciarlo con un porcentaje genérico—, pero la consulta inicial con diagnóstico tiene siempre el mismo precio cerrado: 30€, sea cual sea la edad del paciente.
El tratamiento de la mordida distal no tiene un precio único: varía según si el origen es óseo o dental, la edad del paciente, el tipo de aparato necesario y si hace falta coordinar con cirugía ortognática. Por eso no publicamos una tarifa genérica que podría no ajustarse a su caso.
Lo que sí es fijo es el precio de la primera consulta: 30€, una hora con el ortodoncista que incluye la exploración y, si hace falta, la radiografía. Con esos datos le entregamos un presupuesto por escrito, sin compromiso, antes de decidir nada.
En cuanto note que los dientes superiores quedan muy adelantados, que el mentón parece retraído, o si tiene hábitos como chuparse el dedo o respirar por la boca. Cuanto antes se valore, más opciones hay de guiar el crecimiento en lugar de esperar a tratar solo los dientes.
No necesariamente. La mordida distal es una relación incorrecta entre el maxilar superior y la mandíbula o entre los dientes de arriba y de abajo; puede coincidir con dientes separados o apiñados, pero son problemas distintos que a veces requieren tratamientos distintos.
No. La cirugía ortognática solo se plantea en adultos con una diferencia ósea importante y ya consolidada. La mayoría de los casos, sobre todo si se tratan a tiempo en la infancia o si el origen es dental, se resuelven con aparatos funcionales u ortodoncia convencional.
Sí, aunque el enfoque cambia: ya no se puede guiar el crecimiento del hueso, así que el tratamiento se centra en reposicionar los dientes —a veces con extracción de algún premolar— o, en casos óseos severos, en combinar ortodoncia con cirugía.
El desajuste no mejora por sí solo y suele acentuarse con el tiempo, con más riesgo de desgaste dental, tensión en la articulación de la mandíbula y dificultades al masticar o hablar.
Tráiganos su radiografía si ya tiene una, o hagámosla aquí mismo: le decimos en la misma visita de dónde viene el problema y qué opción le conviene.
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